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Coaching para dos

El coaching fija encuentros semanales de tres meses como máximoPreguntasEl psicoanálisis indaga en los porqué, el coaching en los para qué. Para el coaching eso no es importantePunto de partidaEl psicoanálisis trabaja con pacientes que muestran patologías, y hace interpretación del inconsciente. Quienes se dedican a entrenar a las personas para lograr sus objetivos, solos o en pareja, aseguran que no se oponen al psicoanálisis, pero sus diferencias con esa disciplina son notorias.

Hace cinco años, Flavia Sotelo y Martín D'Aversa estaban por dar uno de los pasos más importantes de su vida. Iban a casarse, a darle formalidad a una relación de larga data. Pero un diagnóstico de infertilidad a cuatro meses de dar el sí arruinó el momento. Y todo se tiñó de tristeza, enojos y angustia. En medio de la crisis, Flavia recurrió a una herramienta que había conocido tiempo atrás mientras trabajaba en el área de recursos humanos para una gran corporación en el exterior: el coaching, ese concepto surgido del ámbito deportivo y acuñado con éxito por el mundo empresarial, que empezó a extenderse rápidamente a (casi) todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Porque lo cierto es que hoy todo es coacheable, y hay entrenadores para todos los órdenes: desde el laboral hasta el familiar, pasando por coaches literarios, estudiantiles y hasta para políticos. Y también, claro, para parejas. Algunas acuden en crisis y otras no están necesariamente atravesando una tormenta, pero se enfrentan a desafíos como mudarse juntos, irse a vivir a otro país, comenzar un emprendimiento laboral de a dos o tener un hijo. Como sea, todos necesitan de un espacio de conversación donde hacerse preguntas y encontrar ellos mismos las respuestas.

Hoy, Flavia y Martín se reconocen como una pareja coacheada. Reconstruida y rediseñada a través de encuentros con su coach, Daniel Rosales, que les hace preguntas y les facilita un espacio de conversación al que acuden cada vez que sienten que no están teniendo la relación que quieren tener. "El amor es una conversación, una conversación de posibilidad -dice Flavia-. Con el coaching logramos salir de la conversación «no puedo ser madre». ¿Cómo que no? Era una premisa falsa. Entendí que yo podía elegir ser mamá aun con un diagnóstico de infertilidad. Con Martín nos relajamos, nos casamos, nos fuimos de luna de miel y al mes de volver quedé embarazada de forma natural. Es como si mi cuerpo se hubiera creído eso de que iba a ser madre. Hoy tenemos a Joaquín, de 4 años", reconoce Flavia, que recurrió al coaching en tres momentos de su vida en pareja.

En un país psicoanalizado al máximo, donde las terapias menos ortodoxas se abren paso entre las más tradicionales, el coaching asoma como una alternativa elegida por cada vez más personas, ya sea en forma individual o en pareja. Algunas lo adoptan como complemento de una psicoterapia y otras llegan desencantadas de esos tratamientos, alentadas por la brevedad de los encuentros y la promesa de resultados en el corto o mediano plazo.

Recientemente, el emprendedor Martín Varsavsky, en su blog personal, escribió sobre el auge de las terapias breves. Y atribuyó su éxito a una falla de marketing del psicoanálisis. "Aunque estoy de acuerdo con los psicoanalistas en que no hay curas milagrosas, y que hay heridas que sólo pueden curarse con años de tratamiento, creo que llamar enfermo a quien va a terapia es un error. Si yo tuviera algo que ver con el mundo psicoanalítico, propondría un cambio en la postura de la profesión: en lugar de tratar de enfermo a una persona que nadie más trata de enfermo en la sociedad, proponerle a esa persona que pueda mejorar con lo que sería más un entrenador emocional que un doctor. Es por esta falta de marketing que existe el auge en las terapias breves."

Inés Borghi, diseñadora de indumentaria de 40 años, se analizó por años. "Hice terapias de todo tipo, incluso gestálticas. Pero llegó un punto en que ya no quería que alguien me explicara cómo soy, sino cómo puedo llegar a ser". Por eso, hace dos años, cuando estaba atravesando una crisis de pareja con su marido y padre de su hijo, Pablo Genovesio, buscó otra alternativa. "Acudimos al coaching cuando el semáforo ya estaba en amarillo -describe Inés-. Estábamos en corto, había chispazos. Peleábamos por la plata, que no alcanzaba. La imposibilidad de hacer cosas por ese tema hacía que entráramos en peleas sin sentido, poníamos el foco ahí, en la imposibilidad. Cuando terminamos las sesiones con la coach Laura Rejo -en total cuatro- el cambio no fue inmediato, pero de a poco dejamos de quejarnos por la plata. Desarticulamos esa discusión. El dinero dejó de ser un tema y la energía empezó a fluir."

Del coaching, Inés rescata la posibilidad de hacerse preguntas. "Es un espacio neutral al que acudimos con mi marido para hablar de la relación que teníamos y que queríamos tener. El coach te hace preguntas, te obliga a reflexionar, no te viene con una solución -cuenta-. Te saca una foto del ahora. Vernos en esa foto fue fuerte, no nos gustó y decidimos cambiar."

Pero a pesar de que la mayoría de las parejas acuden al coach cuando el semáforo está por pasar de amarillo a rojo, otras llegan simplemente por el deseo de seguir creciendo y enfrentar, fortalecidos, nuevos desafíos. Impulsados más por la curiosidad que por la necesidad, Belén Reyna y Ramiro Schab se acercaron al coaching yendo primero a las clases abiertas que daba Esteban Irigoyen, director del Centro de Coaching de Pareja, y luego a encuentros individuales con él. "Simplemente queríamos crecer como personas y en pareja, y encontrar herramientas que nos ayuden día a día para una mejor conexión, comunicación y convivencia", cuenta Belén desde Brasil, lugar al que se mudaron hace muy poco tiempo.

"El venir a vivir acá fue una consecuencia del trabajo que venimos haciendo en nosotros, de perseguir nuestros sueños. Vivir frente al mar y en contacto con la naturaleza, o jugar al fútbol, ya que Ramiro es jugador profesional, forman parte de esos sueños que decidimos poner en marcha." Juntos, además, dieron vida a la marca de indumentaria Michu Buenos Aires, un emprendimiento en honor a una amiga de Belén, que es diseñadora de indumentaria de la UBA. La idea es que la ropa se empiece a vender también ahí. "No se necesita estar mal para hacer coaching, es muy recomendable para todas las parejas porque puede ampliar el nivel de conciencia y felicidad -reflexiona-. A nosotros nos dio herramientas para un mejor diálogo y para encontrar una forma constructiva de afrontar las diferencias."

Aprendizaje, futuro, acción, construcción, gestión de emociones, posibilidad, facilitador. Palabras clave que definen al coaching, y de las que se valen los coaches para explicar cuál es su función. Quienes se dedican a entrenar a las personas para lograr sus objetivos, solos o en pareja, aseguran que no se oponen al psicoanálisis, pero sus diferencias con esa disciplina son notorias. "Lo que proponemos es un proceso de aprendizaje para relacionarnos con nosotros mismos y con los otros, basado en la acción -dice Daniel Rosales, presidente y fundador de la Escuela Latinoamericana de Coaching-. Cuando viene una pareja lo primero que hago es preguntarles para qué están juntos y lo primero que responden es por qué. El porqué es una pregunta clásica del psicoanálisis, mientras que el para qué es una pregunta típica del coaching. Con el para qué empiezan a preguntarse qué quieren que pase en vez de echarse mutuas culpas por lo que pasó o no está pasando."

Al igual que lo que sucede en el psicoanálisis, el vehículo para construir es la comunicación. "Hay dos formas de lenguaje, la descriptiva y la generativa. En general las parejas utilizan un lenguaje descriptivo para referirse al otro. El lenguaje psicoanalítico es descriptivo, interpretativo. El coaching no interpreta nada, utiliza un lenguaje generativo: quiero que pase tal cosa. Las parejas aprenden a gestionar sus emociones utilizando un lenguaje de este tipo."

Esteban Irigoyen, del Centro de Coaching de Pareja, asegura que la mayoría de las personas que acuden a él ya han pasado por espacios terapéuticos. Él mismo lo hizo con su primera mujer y no funcionó: "En la Argentina, el 50% de las personas se separa. Y esto no mejora con una segunda pareja, lo que significa que no hubo aprendizaje -asegura Irigoyen-. La terapia puede ser dolorosa, puede implicar meter el dedo en la llaga y la gente no quiere eso, sino concentrarse en la solución, en estar mejor. Nosotros tratamos de que se vuelvan a conectar, que se reencuentren. Que vean su situación con nuevos ojos, desde otra perspectiva. Les damos ciertas herramientas comunicativas con las que es posible salir del patrón reactivo y empezar a tener un papel proactivo".

La coach Laura Rejo aclara que el coaching no es un espacio terapéutico, no hay pacientes ni tiene como base el conflicto. "La idea es sacarlos del conflicto, mirar cómo estamos y cómo construir una situación futura. Lo que hace es crear espacios de aprendizaje. Por eso el foco está puesto en resultados y logros futuros."

Rejo confirma que muchas personas probaron antes con terapia de pareja. "El coaching tiene otra dinámica, permite identificar rápidamente objetivos, te activa. Si ponés el foco en lo que está mal y no en lo que está bien, puede ser un trabajo muy pesado, de mucho desgaste emocional. Esta opción genera imágenes de futuro positivas para la vida."

Pero aunque parten de lugares diferentes, el punto al que se quiere llegar suele ser el mismo: mejorar la calidad de la relación, vivir en armonía, ser feliz.

Flavia Sotelo, que es psicóloga y recurrió al coaching para salvar su pareja, está convencida de que esta convivencia es posible. Y tanto en su consultorio como en su casa logró aunar ambas disciplinas, tomar de cada una lo que sirve y descartar lo que no. "Después de que nació Joaquín, vino la crisis de crianza. Con Martín éramos seres independientes cuidando de un bebe, en lugar de una pareja cuidando de su hijo -recuerda-. Aprendimos a pedir ayuda, a respetar los espacios del otro en su relación con el hijo, a no controlarlo. Aprendimos a que hay que pedir lo que uno necesita y cómo lo necesita y no esperar a que el otro adivine qué es lo que yo necesito. Y aprender a decir no, a aceptar ese no y buscar otras opciones. Pero si es sí, ese sí es un compromiso. Y tiene un valor enorme."

Después de una tercera crisis, hoy Flavia y Martín vuelven a elegirse. "Los dos creemos mucho en la felicidad. Si algún día no somos más felices juntos, nos vamos a dejar libres -asegura Flavia-. Si vemos que la relación empieza a patinar, acudimos a este espacio de conversación. El coaching es un espacio al que se puede volver permanentemente. Nosotros tenemos claro qué pareja queremos ser. Y si no lo estamos logrando, vamos a buscarlo con el compromiso de ser felices."

Línea de tiempo

El psicoanálisis indaga en el pasado del sujeto para buscar respuestas sobre el presente; el coaching se para en el presente de las personas para lograr objetivos futuros

Lenguaje

Ambos utilizan la comunicación como herramienta. Pero mientras que el psicoanálisis es más descriptivo ("me siento mal"; "él no es cariñoso") el coaching usa una dimensión del lenguaje generativo, de poder hacer

Duración

Las terapias tradicionales pueden durar meses y años. El coaching fija encuentros semanales de tres meses como máximo

Preguntas

El psicoanálisis indaga en los porqué, el coaching en los para qué. Las terapias tradicionales buscan llegar a las causas. Para el coaching eso no es importante

Punto de partida

El psicoanálisis trabaja con pacientes que muestran patologías, y hace interpretación del inconsciente. El coaching no juzga ni interpreta, parte de un punto A para llegar a un punto B deseado

Producción de Lila Bendersky.

La Nación
11/04
3 Puntos
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?El teatro es un juego para mí, un juego riguroso?

Lo que me interesaba del psicoanálisis era la creatividad, la posibilidad de los niños jugando, la capacidad de desarrollo, de juego, la espontaneidad. Me di cuenta de que el teatro era más importante de lo que creía cuando me vinieron a buscar y escapé por la ventana. Tuve la suerte de hacer teatro en el mismo lugar que Beckett. El psicoanálisis siempre estuvo ligado a las figuras triangulares, a papá, a mamá... Uno escribe en un sentido, otro en otro; pero el talento lo tenía Beckett.

Su admiración por Beckett. El día en que escapó por una ventana. El prometedor proyecto con Norman Briski: actuar a dúo a Stalin. El teatro como motor de su vida. Los reconocimientos. Constelaciones familiares. Su permanencia en el psicodrama, el abordaje de la psicología más allá de la construcción edípica. El regreso de Asuntos pendientes, lo que siente al subirse al escenario a los ochenta. Estos temas surgen en la charla con Eduardo ?Tato? Pavlovsky durante una apacible mañana otoñal, con él sentado en un sillón celeste en el living de su casa de Belgrano, pegado a una ventana en la que se ve un árbol ?su jardín es hermoso: plantas y plantas se enredan y copan las paredes?, que da un halo poético a toda la situación.

El autor de Potestad no es de esos actores que actúan todo el tiempo. Pero llegando al final de la nota, cuando está explicando qué es el teatro para él, actúa. Es como un regalo, el Tato actor se ofrece, con total generosidad. Un quiebre se produce en el aire. Con la cara completamente cambiada, con una voz que parece salir de la profundidad de las tinieblas, pregunta ?¿tenés hora??, y cronista y fotógrafo atinan a mirar sendos celulares. Pavlovsky se ríe, se le ve un aire triunfal: ¡estaba actuando! Y logró su cometido, que los interlocutores entraran en su juego. Lo que estaba haciendo, en realidad, era traer al presente una escena pasada de una improvisación en Rojos globos rojos. Para él, el teatro es, en parte, eso. Improvisación y un estado de confusión en el otro. El motor de su vida, dirá, muchísimas veces.

Estuvo mal de salud, hace unos años lo operaron del corazón, y más recientemente tuvo culebrilla (herpes zóster). Esta mañana se lo ve muy bien, con camisa rosa y zapatos. Al final de la entrevista atraviesa la reja y sale a caminar por el barrio. Anoche volvió a subirse al escenario del Centro Cultural de la Cooperación (ver recuadro). Por otro lado, este es un momento de reconocimientos para el dramaturgo, actor, psicoanalista y director teatral: hace poco recibió el título de Doctor Honoris Causa en la Universidad Nacional del Sur. Y la Legislatura porteña aprobó por unanimidad declararlo ciudadano ilustre. El acto será el 15 de abril en la Legislatura. ?Tuve una operación de corazón que fue una pavada. Un médico italiano me puso una válvula que fabricó él y se fue. Son válvulas aórticas: no te abren. Es magnífico. Me la puso hace dos, tres años. Nunca sentí mucho los síntomas de la válvula aórtica, pero era grave. Trabajo un poquitito menos, pero me puedo distinguir, si es por la crisis... puedo hacer teatro. Eso es lo importante.?

?¿Los reconocimientos representan para usted algo especial?

?No sé por qué ahora me dieron tantos premios. Yo digo: ?Acá me muero?. En un nivel digo: ?Señores, hay un error. ¡Es un juego el teatro para mí!?. Nunca me lo tomé muy en serio. Es un juego riguroso. El otro día estaban hablando de mí en la facultad. A veces le hablan al personaje, no a mí. Eso es bastante duro. Pero me siento gratificado porque lo que el teatro puede darme es reconocimiento. Me gusta más que el cine. No sé por qué. Quizás porque con una silla, un foco y el cuerpo de un actor ya tenés teatro. A la mierda: es teatro. Eso me fascina. Todavía.

?La vida tiene sus vueltas: en cierto momento, el Estado le prohibió una obra. Y hoy, el Estado lo reconoce como ciudadano ilustre.

?Me pusieron una bomba en el ?74, en el Payró, por El señor Galíndez. Y prohibieron Telarañas dos años más tarde. Era una obra sobre el fascismo en la familia. Del Payró nos fuimos. Teníamos una cierta gratificación, estábamos invitados para el Festival de Nancy (Francia), que es muy importante. En Francia, durante una semana, una cartelera decía ?Pavlovsky-Beckett?. El es un personaje emblemático. Habla en el idioma de la angustia, sin hablar de ella. La angustia de los personajes de Beckett me la enseñó la psiquiatría. El psicoanálisis siempre estuvo ligado a las figuras triangulares, a papá, a mamá... Acá no. Acá es lo devastado. La cosa existencial del vacío. Uno se hace preguntas sobre el sentido de la vida. ¿Qué sentido tiene que haga las mismas cosas todos los días? ¿Tiene alguno?

?Preguntas que no tienen respuesta.

?A Beckett no le importaba si tenían respuesta. No hacía teatro pedagógico. Mostraba. Le preguntaban quién era Godot. ?No sé?, decía, ?cuando estaba escribiendo vino Godot?. No era un hombre al que le importara mucho que lo entendieran: estaba seguro de estar transmitiendo una vivencia existencial de mucha gente. Tuve la suerte de hacer teatro en el mismo lugar que Beckett. Y le escribí una nota. A los cinco días de llegar a Buenos Aires tenía una respuesta suya. Me decía: ?Estoy sorprendido de que a un médico le interese mi teatro. En general a los médicos que conozco no les interesa nada, pero usted me dice que está preocupado por el tipo de angustias. Yo no sé nada, pero me halaga que un argentino vibre con los mismos contenidos emocionales?. Nunca más hablé con él.

?¿No llegaron a cruzarse?

?No, creo que no hubiera sido el contacto que imaginaba. Lo que quería era transmitirle la emoción que produjo en mi vida Esperando a Godot. Me hizo ver el mundo de otra manera. Me abrió formas de escribir y estados emocionales. Fue un hombre extraordinario, muy culto, muy devotamente inclinado hacia lo que le gustaba. Salía todas las noches en París, a chupar. ¡Yo pensaba que era un tipo de laboratorio! Leí la vida de él, no hace mucho. Ionesco era de muy inferior calidad, aunque también era asombrosamente original. En California estaban dando una obra mía y se me acercó un profesor rumano de literatura. Me contó que generó un encuentro entre Ionesco y Beckett. Ionesco le tenía las pelotas hinchadas con que quería conocer a Beckett, quien dijo que fuera a verlo a las doce de un viernes, a comer a un restaurante, él invitaba. Ionesco se moría. Llegó Beckett y se sentó a la mesa como caminaba: con la cabeza hacia arriba. Ionesco estaba nervioso. El profesor era el intermediario. En lugar de mirar a los ojos, Beckett miraba para arriba. Ionesco se movía en dirección adonde él miraba. Estuvieron media hora, Beckett ni lo escuchó. En un momento se paró y dijo: ?Muy agradable el rato que he pasado con usted. Voy a volver el viernes?. Y volvió. Otra vez empezó a subir la vista. A la media hora se levantó y dijo: ?Ha sido muy gratificante haberlo conocido, lo admiro mucho?. Mentira. Eran los dos vanguardistas en París en los ?50, no había visto una obra de Ionesco, ni lo conocía. Uno escribe en un sentido, otro en otro; pero el talento lo tenía Beckett. Uno puede escribir parecido a Pinter... pero el talento de Beckett es fuera de serie. Es lo que no se puede hacer.

?¿De dónde viene el talento?

?Creo que hay algo genético. A lo mejor hay un genio trabado en una generación que se destapa en otra. Por ejemplo, mi abuelo paterno era dramaturgo. Escribía sobre la persecución a los intelectuales rusos en la revolución. Sus libros eran testimoniales. Se tuvo que ir de Rusia a los quince años. No lo conocí. Al leerlo, me di cuenta de que sus ideas teatrales eran diferentes a las mías, que corresponden a un período en que el teatro francés era muy bueno. Lo parecido era la ideología: toda la persecución zarista a la familia Pavlovsky es muy parecida a la que viví yo después acá. ¡Qué raro! Ese tipo, al que no conocí, tenía las mismas inquietudes que yo, por la libertad. Y sus hijos eran reaccionarios. Papá era democrático, antiperonista, con muy buenos valores. Hay algo genético. Uno se parece a alguien. Hay una técnica llamada constelaciones familiares.

?En su vida han convivido muchas cosas: la natación, la medicina, el teatro, la psicología: cosas que parecen incompatibles para una sola persona.

?Hay cosas de mí que no sé. Fui campeón sudamericano de natación a los quince años. Papá, campeón argentino de boxeo. De él heredé el rigor. La literatura pasó de otra generación, de mi abuelo hacia mí. Pero, también, había dos Pavlovsky en Mendoza, que eran poetas. Estuvieron en París exiliados. Allá los mantenía un escritor ruso, que les habló de un lugar en Sudamérica donde podían trabajar. Al final, los dos triunfaron en Mendoza. No sé nada de genética. Pero sé que la literatura rusa me produce conmoción.

?El teatro es una vocación que empecé jugando. Lo he hecho siempre, aún con compañías desconocidas, marginales?, repasa. Entonces recuerda la fundación, en los sesenta, del grupo Yenesí, con el pediatra Julio Tahier. ?Estudiamos con (Pedro) Asquini y (Alejandra) Boero. Una muy buena formación. Eran tipos que trabajaban y a la noche iban a hacer teatro. Estaba (Héctor) Alterio, que vendía Terrabusi y a la noche iba a ensayar... para mí fue un shock. Esa gente, culta y sensible, me abrió un mundo. El otro mundo mío era el del psicoanálisis. Lo hice seriamente, pero me di cuenta de que no era la chispa de mi vida?, expresa.

?¿Qué es lo que le ocurrió con el psicoanálisis?

?Lo que me interesaba del psicoanálisis era la creatividad, la posibilidad de los niños jugando, la capacidad de desarrollo, de juego, la espontaneidad. Esto estaba más incorporado al psicodrama. Me fui a Nueva York, estuve con Moreno, el creador. Era un tipo muy inteligente y megalómano, pero no podía identificarme. Con (Carlos) Martínez y (Fidel) Moccio nos gustaba hacer grupos de niños. En el ?58 entramos en un hospital, teníamos ocho grupos. Lo hacíamos bien. No había libros en castellano sobre el tema, el primero lo escribí yo. Toda mi vida estuvo ligada a lo grupal y a la creatividad. Sigo trabajando con grupos.

?¿Cuánto tiempo dura la terapia?

?Es una pregunta difícil. El tiempo que le soy útil a alguien que entra a un grupo conmigo es un promedio de dos años. Eso no quita que algunos se queden porque les interesa el espacio, donde pueden convivir y decirse ciertas verdades.

?¿Cómo definiría el psicodrama?

?Es básicamente grupal. Lo terapéutico es estar en grupo. Tener capacidad de consonancia y resonancia con el otro. Aunque puede ayudar, no me curo por lo que el terapeuta interpreta en mí, sino por la capacidad que tengo de darme cuenta de que lo que vos estás diciendo tiene que ver conmigo. No se desvía mucho de la terapia de grupo habitual. Se dramatizan situaciones o fantasías y se estimula la creatividad. Se trata de salir del círculo familiar, para no quedar atrapados en lo edípico. Mi idea es que en un momento no había interés en lo social, que funciona como capacidad transformadora.

?¿Cómo vive hoy la actuación? ¿Puede establecer relaciones sobre cómo la fue viviendo a lo largo de su vida?

?Eso no lo puedo contestar. No lo sé. Lo que sé es que la actuación es el motor de mi teatro. Empecé a hacer teatro hace cincuenta años, con un grupo pequeño burgués, de novias y novios en San Isidro. Cuando entré al escenario sentí que eso que me estaba pasando no lo había sentido nunca. No hacía el personaje: yo era el personaje. Cabalgo por una de las facetas emocionales del personaje. Es una vivencia excepcional, que me hizo hacer teatro, porque yo era médico.

?¿Sentía que esos universos entraban en contradicción?

?No. Nunca imaginaba dejar la terapia. Así que siempre actué, combinadamente. Hacía teatro una o dos veces por semana, cada vez más. Teatro profesional he hecho con (Carlos) Carella, en Cámara lenta. Un martes, había ido a trabajar y estaba cansado. Llovía. ¡Cómo llovía, mamma mia! Me dicen que se habían vendido seis entradas. ¡La puta, era una obra de dos horas veinte! Le pregunté a Carlos si era conveniente largar esa función. Me fui al camarín. El era mayor que yo, tenía más experiencia. Veo que abre el telón. Y me dice: ?Mirá, ¿ves? Mirá esos dos viejitos que están allí?. Tendrían mi edad él y ella, estaban de la mano. Eran muy de clase media que se vestía bien. ?Los dos se han tomado tres colectivos para vernos a nosotros. Vamos a hacerles la función a ellos?, dijo Carlos. Quedé sorprendido. Fue una enseñanza de ética.

?¿Qué mutaciones detecta en su teatro?

?Todo mi teatro es muy violento. Y en un giro me convertí, aunque no me siento representado, en un autor político. Me di cuenta de que el teatro era más importante de lo que creía cuando me vinieron a buscar y escapé por la ventana. Luego de eso, un hermano mío almorzó con una fulana que tenía un marido marino, en la dictadura. ?Mi hermano no es guerrillero, es militante cultural, de algún partido marxista?, dijo mi hermano. Y el tipo le respondió: ?No entiendo bien. ¿Su hermano es el de El señor Galíndez? ¿Y todavía vive??. Entonces, mi hermano vino llorando.

?¿Y cómo fue que escapó por la ventana?

?Bajé y fui a una comisaría. Habían quedado mis hijos adentro, no me veía escapándome y mis hijos con esa gente. Hice una cosa loca: denuncié que un grupo de ladrones había invadido mi casa. Cuatro policías se ofrecieron a ir. Yo quería ver cómo me iba y adónde, no tenía plata. Bueno, estuve en Uruguay, Brasil y Madrid. El teatro todavía es un juego para mí. Si digo ?iba caminando?, no sabe si lo estoy contando o estoy actuando. El teatro ofrece la posibilidad maravillosa de que el otro se confunda. El mío elimina la noción de personaje psicológico.

?¿Le ha servido esta cualidad en la vida? ¿Esto de confundir al otro?

?No... Pero con la mujer... lo único que me conmueve son las minas. He tenido enamoramientos muy grandes. Soy muy ruso para enamorarme. No es solamente un contacto. Es la vida de un ruso doliente. Dostoievski, Tolstoi... (risas)

?Mencionó que detectó la importancia del teatro cuando los militares lo fueron a buscar. ¿Ahora, en democracia, cuál es la importancia de este arte?

?Es importante. ¿Cuántos teatros hay acá los fines de semana? Los americanos que vienen no lo pueden creer. La gente que hace teatro lo hace como búsqueda de una identidad cultural, porque la juventud ha sido muy manoseada. Entonces, se reúne a hablar de teatro y personajes y tiene que estudiar, es un proceso terapéutico. Otra cosa es cómo pensás en democracia. Tengo una idea, muy firme: el teatro es político, pero no por su mensaje. Y un intelectual le debe mucho al país. La obligación es no perder nunca el espíritu crítico. Incluso el kirchnerista tiene que ayudar a Cristina haciéndole puntos críticos. Uno tiene una obligación: escribir y hacer lo que piensa, con libertad.

?¿En qué está el proyecto de hacer una obra con Briski, sobre Stalin?

?Estamos pensando, queremos hacer dos Stalin. Puede ser muy cómico. Por ahora está suspendida esta obra, pero vamos a reunirnos. Otra cosa es el físico. Cómo responde mi físico a determinados esfuerzos, porque yo me cuido mucho. El teatro ha sido un motor transformador de mi vida. Me transformó como intelectual.

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Arts ?Para Freud, el neurótico es un cobarde?

L : El psicoanálisis muestra que la conciencia es un pequeño residuo de la vida libidinal del ser hablante. El sentido de una Escuela de psicoanálisis es el de dar toda su importancia a ese proceso de autorización a partir del propio análisis, que puede pasar inadvertido, para darle todo su peso clínico, vocacional, práctico, ético. El neurótico es para Freud un cobarde, que por eso debe luchar toda su vida contra sus propios deseos.

El libro, publicado por la editorial Paidós, lleva un prefacio del también psicoanalista Luciano Lutereau, y está separado en secciones, una de ellas dedicada al estatuto actual de la perversión.

 

Lombardi es miembro fundador del Foro Analítico del Río de la Plata (FARP) y de la Escuela del Campo Lacaniano. Graduado en Medicina, y doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA), es titular de Clínica de Adultos en esa casa de estudios.

 

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

 

T : En principio, la libertad pareciera un tema filosófico (y metafísico), ¿de qué modo puede abordarse en el psicoanálisis sin recaer en especulaciones?

L : Freud sitúa la insinceridad (Verleugnung) como una posición que precede a los mecanismos del inconsciente. ¡Nadie parece darse cuenta de esto en psicoanálisis! Para Freud basta con que omitamos algo que quisiéramos decir y no decimos, para resultar deudores en nuestro juicio íntimo, y constituir así, con el lenguaje, el inconsciente contador. Literalmente, el inconsciente lleva las cuentas de nuestras promesas no cumplidas, de nuestros silencios cobardes, de nuestras agachadas éticas en el amor, en el deseo, en la vocación, en los desencuentros programados, aparentemente involuntarios. El neurótico es para Freud un cobarde, que por eso debe luchar toda su vida contra sus propios deseos. Si después especula, filosofa, implora la gracia divina para tiempos futuros y vidas ulteriores, no hace más que alimentar su propia traición. Mientras tanto, se satisface en sus fantasías. La libertad de la que hablo, se refiere a actos mínimos o a actos supremos, en cualquier caso es algo bastante concreto, que justifica que a veces alguien se decida a pagar de una vez el precio y la comodidad que implica salir de su posición camuflada, cobarde o indecisa. El análisis es eso. Freud no era un neurótico ni un filósofo, era un hombre de acción, de esa acción eminente del ser hablante que es el ejercicio de la palabra y de la pluma.

 

T : ¿De qué modo, entonces, puede reformularse la noción de elección a partir del psicoanálisis? ¿No nos lleva eso a una idea de "voluntad inconsciente", lo que parecería una contradicción?

L : El psicoanálisis muestra que la conciencia es un pequeño residuo de la vida libidinal del ser hablante. Respecto del deseo, es un pequeño espejo que justo refracta mal, que refleja una vida lavada para acomodarse al deber ser y al sentido común, afuera del lugar íntimo donde las decisiones verdaderamente se cocinan: esos bordes pulsionantes ubicados entre el lenguaje y las tripas. Basta con leer a Shakespeare para advertirlo: la mirada de Iago, los gritos de las Erinnias, la voz del Padre que responde por el veneno en los oídos, la escena sobre la escena, la sangre en las manos de los Macbeth.

 

La idea de los psicólogos de que la voluntad es algo consciente es una mentira sin utilidad más que para las cosas de poca importancia, ¿Coca o Pepsi? Necesitamos dialogar con un analista para volver a aquellos momentos, traumáticos y milagrosos, en que las cosas se definen como por azar, pero con una fuerte intervención de nuestras preferencias, de esos deseos que usualmente camuflamos. El análisis (sin psico, sin ficción) implica que se puede elegir de otro modo, porque al lenguaje podemos desanudarnos de cualquier necesidad, absolutamente, incluso de la de continuar una existencia detestable. El deseo es una condición absoluta que algunos hacen valer, y puede imponer su ley precisamente cuando emerge lo real, que es sin ley.

 

T : Otro de los temas de su libro es la autorización del psicoanalista, ¿cómo entiende la articulación entre la formación de una Escuela y la enseñanza universitaria?

L : Para un psicoterapeuta no es estrictamente imprescindible haber pasado personalmente por la terapia que ofrece, para el analista sí. Aun cuando se acomode a los requerimientos legales para ejercer como terapeuta, estudiar psicología por ejemplo, la fuente decisiva de su autorización está en su propio análisis, en lo que extrajo de él. El sentido de una Escuela de psicoanálisis es el de dar toda su importancia a ese proceso de autorización a partir del propio análisis, que puede pasar inadvertido, para darle todo su peso clínico, vocacional, práctico, ético. Es algo que parece complejo y al mismo tiempo es extremadamente concreto. El deseo del analista emerge del encuentro de las tripas con el deseo del Otro. Puede ser algo muy fuerte, o bien confundirse con las otras terapias. La enseñanza universitaria no es en la Argentina un terreno prohibido al psicoanálisis, como es en España o en tantos otros países; eso permite que algo del psicoanálisis se estudie en edad temprana, y que los docentes que son analistas puedan tener una incidencia en el llamado vocacional de los 20 años.

 

T : Para concluir, nos ha dicho que está preparando un próximo libro sobre las perversiones, ¿cuáles son sus ideas centrales sobre esta cuestión?

L : Todas aquellas pequeñas performances que en Sade, Kraft-Ebbing o en Freud son catalogadas como perversiones constituyen un campo bastante heterogéneo. Hoy en día la mayoría de ellas han resultado legalizadas y desmedicalizadas, lo cual ha tenido un fuerte impacto sobre sus cultores. Normalmente, el ejercicio de la fantasía del perverso requería las condiciones de la transgresión y del secreto para que el deseo así encorsetado se desarrolle como voluntad de goce en algún escenario bastante bien delimitado. La perversión permitida ? por ley, por el discurso médico o por el psicoanálisis - ha tenido un evidente efecto clínico: la fantasía del perverso ya no divide mucho al partenaire, y entonces es el propio perverso el que se divide, se angustia o hace síntomas. Consulta con mucha frecuencia al psicoanalista y no por su fantasía, sino por su síntoma, su propia división subjetiva. En la perversión el síntoma también resulta analizable, si alcanza a revelarse como ese real imposible de soportar, cuyo fundamento es el desacuerdo consigo mismo en cuanto al deseo. Tener en cuenta la especificidad clínica de la perversión es para el analista orientador en el manejo de la transferencia. En un próximo texto tengo la intención de explicar la importancia práctica de ese hiato nosográfico que Lacan mantuvo a rajatablas entre neurosis y psicosis.

 

Télam
28/03
15 Puntos
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Sobre amar al síntoma como a sí mismo

Encontrábamos que esa enseñanza criticaba duramente la reducción del psicoanálisis a una terapéutica. Así cumplimos con la divisa secreta del coloquio y con la consigna explícita del curso anual que parafrasea a Witold Gombrowicz: "No hablar psicoanalíticamente de psicoanálisis".*Psicoanalista. Pero tampoco el acceso a un estado de superación espiritual que reduzca el sufrimiento. Viene de la lógica interna del curso anual 2014 "La enseñanza crítica de Jacques Lacan".

¡Usa tu síntoma! ¿De dónde viene esta expresión extraña y por qué nos resulta extraña? Viene de la lógica interna del curso anual 2014 "La enseñanza crítica de Jacques Lacan". Encontrábamos que esa enseñanza criticaba duramente la reducción del psicoanálisis a una terapéutica. Y que la crítica a esa reducción constituye uno de los fundamentos de esa enseñanza.

Esto significa que no hay retorno a un estado de bienestar anterior a la enfermedad. Pero tampoco el acceso a un estado de superación espiritual que reduzca el sufrimiento. No por medio del psicoanálisis. Pero, ¿por qué nos resulta extraña esta invitación a hacer uso del síntoma? Porque, lo sepamos o no, estamos habituados a asociar el síntoma a lo que se cura, no a lo que se usa. El discurso médico ha estabilizado este sentido. Y así es como funciona en medicina. Pero justamente el punto es que hay una diferencia fundamental entre el síntoma médico que se cura y el síntoma psicoanalítico que no se cura. Una parte fundamental de la enseñanza de Lacan consiste en argumentar esta diferencia.

Así tenemos un tratamiento del síntoma que apunta a curarlo. Pero los neuróticos hacemos otra cosa con el síntoma: tratamos de integrarlo a nuestro yo, de hacer la vista gorda, de enceguecernos un poco respecto de él, de negar un poco su aspecto. En una palabra, lo amamos. Los neuróticos amamos a nuestros síntomas como a nosotros mismos.

Curar y amar son dos maneras de tratar con ese extranjero interior. Dos maneras con las que la cultura intenta reducir eso que es más fuerte que nosotros mismos.

Dos imperativos culturales. Por un lado, la medicina dice: ¡Cura tu síntoma! Y ofrece sus remedios que en la actualidad están prácticamente reducidos al uso de la medicación. Por el otro la religión que dice ¡Ama tu síntoma! ¡Amalo como a ti mismo! Y ofrece su curatela de trascendencias. Ese más allá donde no habrá síntomas. Esa promesa de fin de sufrimiento. "Esta vida falsa pronto terminará y ya vendrá la vida verdadera donde el sufrimiento no existirá".

El discurso médico en cambio apunta a la calidad de vida, a vivir más y mejor en este mundo. No hay más allá como en la religión, hay un más acá que podemos intervenir químicamente. Hay un cerebro que podemos usar, una hormona de la felicidad, una glándula del amor. Tenemos el inestimable apoyo de la industria farmacéutica. Hay suplementos dietarios, antipsicóticos, antidepresivos etc.

Entre el "más allá" de la religión y el "más acá" de la medicina, entre el cielo protector y el organismo manipulable se administran las paradojas del sufrimiento humano.

El síntoma que descubre el psicoanálisis no se cura en términos médicos ni resulta muy amable. Ni curable ni amable, veremos si puede ser utilizable. Pero antes hagamos la pregunta: ¿para qué sirve el síntoma neurótico? Nos sirve para obtener una satisfacción, aunque sea sufriente. Pero también nos aporta un sentido, aunque sea fallido. Gracias a él gozamos del sentido y damos sentido a nuestro goce.

Es por eso que después de Freud, la salud pública y privada además de la biología empieza a tener que ver con la cultura. Pero en psicoanálisis nunca se trata solamente de hacer distinciones teóricas o de definir conceptos, hay que aprender a hablar, se trata de decir bien lo que nos hace mal y de crear audiencias para esa novedad crónica que significa el descubrimiento del inconsciente.

Por esta razón y con el auspicio de El juguete rabioso libros y Oliva libros organizamos el primer coloquio del curso anual de psicoanálisis 2015. Ahí tuvimos ocasión de oír una palabra en torno al deseo de analizar en nuestra ciudad. Los expositores, asistentes al curso desde el año 2012, fueron Ariadna Scandizzi, Ana Luz Rodriguez, Melisa Barrera, Clara Casalegno, Rafael Echaire Curutchet, Javier Pérez y Alejandro Benedetto, todos practicantes del psicoanálisis.

Cada uno desplegó una lectura singular de los temas del curso y subrayó algún aspecto destacado del lugar de nuestra práctica en el malestar contemporáneo.

La audiencia cerró el círculo con preguntas e intervenciones que abrieron el espacio de una conversación que tomó distancia de la oscura jerga profesional. Así cumplimos con la divisa secreta del coloquio y con la consigna explícita del curso anual que parafrasea a Witold Gombrowicz: "No hablar psicoanalíticamente de psicoanálisis".

*Psicoanalista. Docente en Facultad de Psicología UNR.

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Arts ?Apuesto a reinstalar la lectura en el corazón de la práctica analítica?

El análisis dará la posibilidad de descifrarlo, de desclasificarlo, hasta el límite de lo no interpretable. De esta manera, un análisis no va detrás de algún sentido, llámese la realidad, el éxito, la curación, la felicidad, la normalidad. M : Podemos ubicar en el comienzo de un análisis lo real en el síntoma puesto en cruz, dirá Lacan, para impedir que las cosas marchen. El psicoanálisis en la cultura y la edición facsimilar de la revista escrita.

El libro, publicado por las ediciones El Espejo, en Córdoba, está en las vías abiertas en su momento por la revista Escrita, de la que acaba de publicarse una edición facsimilar.

 

Mazza es profesor en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), codirector de la revista Exordio, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

 

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

T : ¿Por qué La lectura y sus dobles? El psicoanálisis ¿es una experiencia de lectura?

M : La lectura y sus dobles apuesta a reinstalar el tema de la lectura en el corazón de la práctica analítica. La lectura es una de las operaciones del análisis que se puede ubicar en dos puntas: tanto en el lazo específico entre analizante y analista con la interpretación, como así también en la lectura de los textos fundamentales. Estas dos puntas requieren de un trenzado que cada lector irá haciendo sin implicar que una tenga mayor jerarquía sobre la otra. La interpretación, por ejemplo, toma la palabra del analizante en su valor de texto cifrado, de codicilo, dirá Lacan (una marca cuyo contenido es ignorado por el sujeto) para localizar los significantes amo y en consecuencia desprenderlos de su goce-sentido. A su vez, en la lectura de los textos exploramos distintas operaciones que se empalman y redoblan la primera acepción, por ejemplo la alienación activa. ¿Cuando el lector está en condiciones de dejarse incautar o sorprender por un texto? Sólo cuando un sujeto puede hacer un paréntesis, al uso de rutina, el texto tendrá el valor de sujeto supuesto saber. Es decir, cuando no se le antepongan las significaciones ya establecidas propias de la pertenencia a un campo disciplinar. En ese sentido, el lector analítico siempre comienza casi de cero y es un recienvenido. El problema surge de entrada cuando predomina la posición del lector que se las sabe todas, cuando se ubica en el lugar de crítico potencial. En este punto se comprueba una vez más lo que Borges escribe sobre la supersticiosa ética del lector en la literatura: cada vez hay menos lectores en el sentido inocente del término, cada uno se va convirtiendo, por la imposición de las etiquetas indiscutidas (de la moda o de la Koiné) en opinólogo, al estilo de los que se reproducen en los mass media. La no entrada al texto, en este caso al discurso de la enseñanza de Lacan, es sencillamente una alienación donde no se deja de estar apegado al narcisismo de las pequeñas diferencias. Posición subjetiva en la que se efectúa un salteo anticipado, una desuposición anticipada del saber. Se tratará, según la exquisita fórmula de Macedonio Fernández, de un mutismo pasivo: un no leer por sí solo. Porque el verdadero modo de no leer y vengarse de haber leído tanto es escribiendo...

 

Varias figuras se exploran en el libro: la del comentador viviente según Eric Laurent; el d’escolar de Germán García; la del recienvenido que se tensiona con el precoz (dos figuras que extrapolamos de Macedonio Fernández) etcétera.

 

T : ¿Existe un desdoblamiento retroactivo cuando uno vuelve sobre lo que escribió? Si es así, ¿cuál es la lógica que opera?

M : Sí, hay un desdoblamiento respecto de lo que ya se dejó en el trazo escrito y en la envoltura denominada libro. Tal vez el libro, una vez que queda olvidado, fundamentalmente por uno mismo, comienza a volverse éxtimo a la vanidad del autor. Momento fecundo porque la lectura retroactiva no deja de tener un efecto de novedad. Lleva tiempo aprender y encontrarle un valor de uso a lo que se captó en su momento. A su vez, no dejo de subrayar los procedimientos que anoté en La lectura?: el de Borges en Kafka y sus precursores, lo encontramos en Oscar Masotta, Jacques-Alain Miller y Germán García, por ejemplo. El lector, en el sentido fuerte del término, es aquél que crea a sus precursores. Así en ese movimiento un Lacan trazó las coordenadas de su lectura de Freud donde el retorno a Freud emplazó en París y en la lengua francesa el nuevo centro del psicoanálisis. Es decir, que inventó un nuevo lugar para el psicoanálisis, en otra lengua y en otro contexto. Miller sugiere que su lectura, en ocasión de editar Autres Écrits (2001), guarda una afinidad con el célebre copista Pierre Menard. Entonces, la repetición de escribir El Quijote, llevada a cabo por Pierre Menard, en un francés de comienzos del siglo XX, es una innovación, no se trata de un reflejo mimético sino que esa repetición produce un significante nuevo. A su vez, me gusta ensayar esas conexiones: encuentro en Oscar Masotta una versión de esta misma operación en la fórmula: allí donde repito, traiciono y allí donde quiero transformar no hago más que repetir. Creo que es la lectura inaugural de Lacan en lengua castellana, un capítulo del libro está dedicado a recorrer este movimiento. El tema del original y la copia, de la mimesis identificatoria versus la apropiación de un discurso. En la apropiación pasaríamos de comprar en una cultura central -¡como si tan sólo se tratara de un saber precocido!- a una vital innovación utilizando los recursos que se puedan extraer de nuestra lengua. A posteriori del libro me aboqué a otras experiencias de publicación: una página web (sinthomaycultura.com), la revista Exordio. El psicoanálisis en la cultura y la edición facsimilar de la revista escrita. En una cultura de importación como la nuestra -donde fácilmente se cae en ser presa de operaciones de prestigio- apuesto, con estas iniciativas, a crear un archivo. Según Boris Groys, un archivo funciona como contexto específico de comparación, entonces: ¿cómo dilucidar qué es lo nuevo sino contamos con esta referencia, los recursos naturales de una cultura? Un archivo donde se delinea el emplazamiento del psicoanálisis en la trama de nuestra cultura, tal vez pueda despertar más de una resonancia.

 

T : ¿Qué tiene que ver todo esto con una cura?

M : El juego propuesto consiste en seguir determinados momentos claves de un análisis considerando el pasaje de la lectura a la letra, como resto fecundo. Así, al comienzo, una vez que se instala la sofistica del sujeto supuesto saber, el analizante puede contarse historias de hirco siervos: por ejemplo, los dichos escuchados en su familia funcionan como oráculos, una discordia entre los padres tomará para el sujeto, que la padece como espectador, un aire de baja comedia o de tragedia. La angustia marcará el desasimiento de estas historias, momento crucial porque ya no hay guión del cual uno se sostenga. Entonces, puede ocurrir que se tome distancia del texto y el lector se ubique en la falta de texto. Recién ahora el deseo nacerá del derrumbe, tal como Roberto Jacoby tituló una exposición en su Retrospectiva en el Museo Reina Sofía (2011). Condiciones propicias para que el sujeto se fabrique un nuevo modo de vivir la pulsión con los restos de su historia, con lo que queda del héroe que imaginó ser en la gran hazaña. Hecho y desecho de vez en vez el modo de vivir la pulsión, al estilo de un bricolage, funcionará como sinthoma que ya no servirá a ningún aparato del destino ni del goce mortificante.

 

T : ¿Cómo diferenciar la cura analítica de otras terapéuticas?

M : La experiencia analítica no se sostiene en ningún metalenguaje. De esta manera, un análisis no va detrás de algún sentido, llámese la realidad, el éxito, la curación, la felicidad, la normalidad. Al revés, lo desarma encontrándole una operatoria a ese afecto que no miente, la angustia. Por ejemplo, podemos considerar que en el acto de la interpretación se va desarmando el goce fijado en el sentido. La orientación se efectúa por lo real, que es un au-sentido (ausencia-sentido: condensación del francés entre absence y sens). Lacan realiza, en un contundente golpe poético, una torsión de la lengua con este neologismo conceptual para agujerear y vaciar la pareja sentido-sinsentido. Entonces ni sentido ni sinsentido sino ausentido. Este ausentido marcará el trayecto -sin ninguna meta- de lo singular en cada paciente que se decida a hacer la experiencia del análisis. ¿Cómo se podrá traducir ese singular en un lazo? Es una de las claves de la pragmática analítica.

 

Una vez más recurrimos a Macedonio para decir que las terapias, como el realismo en el arte, pertenecen al género del arte culinario: el arte de alimentar al otro... con sentido. El análisis se puede ubicar del lado de un arte sin copias de la realidad, tratará con los trozos de real.

 

T : ¿Cuál es el punto de real susceptible de ser mordido que indica que ese, cualquier analizante, está en posición de analista?

M : Podemos ubicar en el comienzo de un análisis lo real en el síntoma puesto en cruz, dirá Lacan, para impedir que las cosas marchen. Se trata de un real clasificado. En esas condiciones el síntoma es padecido como un goce ruin, sólo capaz de mortificar y hasta de sumergir al sujeto, según una frase de Lacan en su Tesis, en la amargura que se experimenta a causa de la propia inutilidad. El análisis dará la posibilidad de descifrarlo, de desclasificarlo, hasta el límite de lo no interpretable. Tal vez, el genio del dispositivo le dará ocasión a alguien (se dedique o no a atender pacientes) a inventarse un valor de uso. Entonces, aquello que fue segregado en el síntoma como inútil encontrará una forma, una instalación en tanto valor de uso. Por supuesto que esta reubicación implicará un nuevo estado civil fabricado con lo inclasificable, con lo singular del síntoma. A su vez, en cuanto al valor de uso, un objeto o un hacer pueden ser útiles sin que necesariamente se constituyan en mercancías. Es decir, que el valor de uso siempre es en singular: no se cambia un traje por otro ni un valor de uso por otro idéntico, dirá Marx.

 

T : Para El imperio de las imágenes, ¿qué preparás, y qué prepara Exordio?

M : La revista Exordio pertenece al Programa de Lectura e Investigación Psicoanálisis en la cultura del CIEC. Dentro de la nutrida agenda de la AMP participaremos primero en el XI Seminario Internacional del CIEC, Cómo vivimos hoy, con Fabián Fajnwaks, analista de la Escuela de la Causa Freudiana de París como invitado. En este seminario presentaremos un trabajo respecto del problema de las clasificaciones diagnósticas en el mercado de la salud.

 

El próximo VII ENAPOL nos provocó a trabajar la cuestión de la imagen y la letra. Venimos desplegando tres líneas de investigación. Una ligada a lo visual en el ultimísimo Lacan que pretendemos articular, según las referencias de Miller, con el dossier Escritores/Pintores de la revista escrita (Edición facsimilar, T2 Ed. EDUVIM, Córdoba 2013). A partir de tres formas (el caligrama, el emblema y la miniatura) donde se plantea el intrincado tema de la letra y la imagen. Esta línea de trabajo nos permite, por ejemplo, ubicar el nudo borromeo como un emblema de Lacan.

 

La segunda línea de trabajo viene desde el año pasado, desde el coloquio La importancia de Aby Warburg para el psicoanálisis, con las intervenciones de Germán García y de los investigadores universitarios Aaron Saal y Luís García. Por último, venimos tras las pistas de algunos performers. Consideramos el caso de la performance 58 indicios sobre el cuerpo, realizada en Buenos Aires, por el artista experimental Emilio García Wehbi. Comprobamos cómo desde el arte se pone en acto la afirmación de Lacan: se tratará de extinguir la noción de lo bello para ubicar otro tipo de resonancia.

 

En la performance, exponen cien cuerpos desnudos que no se amoldan ni se someten a ninguna forma o estética prefigurada, se ensaya con la posibilidad de sustraerse a los imperativos de la moda y de la moral que predican sobre cual sería la forma aceptable o bella de un cuerpo. Instalar cien cuerpos sin domesticar juega con la chance de que la imagen toque la singularidad al escaparse del acoplamiento masivo-individual. Que los cuerpos no se reduzcan a una mercancía golpea, puntual y evanescente, a nuestra rutina perceptiva, para mostrarnos que un cuerpo es algo no hecho y que se puede ir haciendo en cada ocasión. Estas acciones disolventes de algunos artistas tal vez puedan arrojar alguna luz de lo que sería un corte quirúrgico en la experiencia. 

Télam
24/03
14 Puntos
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